The Light Report


The light report
Iluminar las calles: ¿cómo inició el alumbrado público en la capital del país?

La historia de la iluminación en las calles de México y, por supuesto, del mundo, está estrechamente relacionada con la evolución de las luminarias. En la capital del país, por ejemplo, se utilizaron primero lámparas de combustión de aceite; luego, las de gas y, finalmente, se usó la luz eléctrica para dar seguridad y vida nocturna a los habitantes de la Ciudad de México.

En 1783 se alumbró la primera calle

Diversas lámparas de aceite se colocaron en la Calle de Ortega en 1793. Hoy República de Uruguay, en el Centro Histórico de la Ciudad de México, fue la primera avenida que tuvo alumbrado público en todo el país. Así, en el México virreinal, la Calle de Ortega era habitada por la clase alta (principalmente españoles) de la capital. Por ello, fue sencillo cubrir los costos que generaba colocar una iluminación artificial. Aunado a ello, un número importante de asaltos se cometían en los alrededores de dicha vía, pues la gente sabía que ahí vivían personas acaudaladas y, en consecuencia, los españoles que la habitaban buscaba protegerse de la delincuencia.

Y llegó el gas para iluminar

Del mismo modo que la Calle de Ortega, otras calles de la capital del país tuvieron un alumbrado público con aceite vegetal. Sin embargo, no siempre funcionaban y había constantes accidentes que atemorizaban a los transeúntes. Además, el privilegio del alumbrado público estaba destinado solo para la gente rica de la ciudad. Al paso de los años, en 1868, la Compañía de Gas Hidrógeno Carbonado, de origen inglés, obtuvo la concesión para alumbrar algunas calles de la capital, gracias al impulso del ayuntamiento de la Ciudad de México, que buscaba tener un mejor alumbrado público que beneficiara a más capitalinos. De esta manera, en 1867, se colocaron las primeras lámparas de gas y se encendieron en la calle San Francisco (hoy conocida como Francisco I. Madero, es una de las principales vías de acceso al Centro Histórico de la Ciudad de México), que comienza en el Eje Central y termina en el Zócalo. La segunda calle que tuvo alumbrado con gas fue la de Plateros, que obtuvo ese nombre porque allí trabajaban las personas que tenían el oficio de la platería. El presidente Sebastián Lerdo de Tejada inauguró, en 1872, la luminaria de la Alameda con 200 lámparas de gas hidrógeno. Es decir, que el alumbrado público comenzó a ser más popular en parques y avenidas principales, donde los niños jugaban; donde se situaban las cafeterías en las que los jóvenes se citaban, y los capitalinos se reunían para disfrutar de la noche sin miedo.

El arribo de la electricidad

Para 1881, la Compañía Mexicana de Gas y Luz Eléctrica (que surgió de la Compañía de Gas Hidrógeno Carbonado) siguió con el alumbrado público en otras avenidas con luz eléctrica, así como también en edificios importantes de la capital. De este modo, cada día se fue dejando de lado el gas para alumbrar. Otra empresa que comenzó a iluminar las calles fue la compañía Knight, que colocó en la Plaza de la Constitución 40 lámparas eléctricas y en la Alameda Central otras 100. Fue así como los capitalinos comenzaron a salir de noche y la vida nocturna se amplió a toda la familia: restaurantes, cafés, cines, teatros y otros sitios extendieron sus horarios. En consecuencia, comenzó a solicitarse trabajadores de turnos nocturnos. Incluso, en algunos parques y plazas públicas había gente caminando por sus andadores cuando el sol ya se había metido. En 1894, la empresa Siemens Haske ganó la licitación para colocar lámparas eléctricas fuera del centro de la capital. A partir de ese momento fue extendiéndose la red a mercados urbanos y comerciales. Finalmente, se creó la Compañía de Luz y Fuerza que dio luz a otros estados de la república, tanto en ámbitos públicos como privados.

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la “luz”

En México operaban diversas empresas internacionales que brindaban el servicio de luz a distintos estados del país. En 1937, el presidente Lázaro Cárdenas creó la Comisión Federal de Electricidad (CFE) con el objetivo de brindar independencia frente a las compañías internacionales y así organizar y dirigir un sistema nacional de generación, transmisión y distribución de energía eléctrica, basado en principios técnicos y económicos, sin propósitos de lucro y con la finalidad de obtener, con un costo mínimo, el mayor rendimiento posible en beneficio de los intereses generales. Ya en ese año México tenía 18.3 millones de habitantes, de los cuales únicamente 7 millones contaban con electricidad, proporcionada con serias dificultades por tres empresas privadas concesionadas: The Mexican Light and Power Company (MEXLIGHT), canadiense, en el centro; The American and Foreign Power Company, en el norte, con tres sistemas interconectados, y la Compañía Eléctrica de Chapala, en el occidente. Estas tres compañías eléctricas tenían las concesiones e instalaciones de la mayor parte de las pequeñas plantas que solo funcionaban en sus regiones. Aunado a ello, existían otras dos problemáticas: las constantes interrupciones de luz y las elevadas tarifas. Años más tarde, el 27 de septiembre de 1960, se nacionalizó la industria eléctrica en México y a partir de entonces, cada día más mexicanos tuvieron la posibilidad de contar con alumbrado público.

El futuro: la luz natural

Gracias al arribo de la tecnología led, cada día hay más lámparas de alumbrado público que la usan. Con ello, se reducen las emisiones de dióxido de carbono y, por supuesto, se mejora el consumo eléctrico. Los focos led son hasta 60% más eficientes que la iluminación pública tradicional. Por otro lado, se están utilizando paneles solares que durante el día captan la energía solar que liberan por la noche para alumbrar las calles. Además, la ciencia ha buscando acercase a la bioluminiscencia de ciertos organismos vivos que tienen la capacidad de producir luz, como las luciérnagas y algunos tipos de árboles. Sus investigaciones podrían significar un avance mucho más sustentable para la iluminación de espacios públicos y privados.